Mitch ¿Castigo de Dios?
Marcos Baker

Miramos la destrucción y la muerte que han golpeado todo el país y nos preguntamos ¿Por qué? ¿Por qué experimentamos algo tan horrible? ¿Por qué tanto sufrimiento? Escuchamos a muchos contestando que el huracán Mitch fue un castigo enviadado por Dios como el diluvio de Noé. Pero el arco iris nos recuerda que Dios prometió no enviar un diluvio de destrucción nunca más (Génesis 9:11-17). En el diluvio de Noé Dios salvó a los justos, sin embargo muchos justos murieron durante el huracán Mitch. Al ver el caso de Noé aprendemos que Mitch no fue acto de Dios. Aun así algunos dicen que el huracán fue un castigo para los malos; otros dicen que fue un castigo por tanta corrupción, o tanta drogadicción. Otros están seguros que Dios castigó al país por la estatua de Cristo que fue construida en el Picacho. Sin embargo hoy la estatua todavía está de pie y los templos de muchas iglesias se derribaron. Muchos malos y corruptos todavía están vivos y activos y mucha gente integra y honesta se murió o perdió todo. Entonces hay cierta falta de lógica en los que dicen que Dios mandó ese huracán como un castigo. Decir que Dios es la causa de esa destrucción no sólo muestra falta de logica, sino también un concepto equivocado de Dios y un malentendido del castigo divino. Si pensamos que Dios es un ser airado que mira desde el cielo con ojos de acusación, y que está ansioso en usar el garrote que tiene en su mano, entonces sí tiene sentido pensar que ese huracán vino de la mano de Dios. Pero Dios no es así. En Jesús vemos a alguien lleno de misericordia, paciencia, y perdón. Jesús es Dios encarnado y la mejor revelación que tenemos sobre cómo es Dios. Si no vemos en Jesús a un hombre de ojos de acusación y un garrote en su mano, sabemos que Dios no es así. Y no sólo es en el Nuevo Testamento que encontramos a un Dios de Amor. El profeta Isaías nos enseña que Dios está ansioso de mostrar Su amor y que Su ira dura por un momento pero Su misericordia es eterna (Isaías 30:18; 54:7-8). Alguien podría responder, "Sí, y ese huracán fue un momento de Su ira." Sin embargo, al decir eso uno muestra una concepción errónea de cómo es el castigo de Dios. Es común, no sólo hoy sino también en los tiempos de Jesús, que las personas vean una enfermedad o una tragedia como castigos de Dios. Jesús rechazó esa actitud (Juan 9:1-2; Lucas 13:1-5); entonces no debemos imediatamente concluir que ese huracán fue un castigo o un producto de la ira de Dios. En la carta a los Romanos Pablo escribe sobre la ira de Dios. Pablo describe una variedad de pecados pero en ningún momento comunica que Dios alarga Su mano desde los cielos para castigar a las personas. Lo que dice es que Dios los entregó a experimentar las consecuencias de sus propias acciones (Romanos 1:18-32). Es decir que las acciones equivocadas, los pecados, traen su propio castigo como producto de las acciones mismas. Dios expresa Su ira contra esos pecados al dejarnos experimentar las consecuencias de tras acciones. Como escribe el Salmista David, Dios ejecuta justicia cuando los malos son enlazados en la obra de sus propias manos (Salmos 9:16). Es cierto que hay ejemplos en la Biblia cuando Dios sí alarga Su mano y envía un castigo de los cielos (Génesis 19; y Lucas 1:18-20 por ejemplo). Pero estas situaciones no son frequentes y por lo tanto debemos tener mucho cuidado en pronunciar que algo es un castigo directo de Dios. Por ejemplo en el Antiguo Testamento muchas de las expresiones de la justicia de Dios no necesitaban la acción de Dios. Los países e imperios cayeron como producto de su maldad, de su corrupción y opresión a sus súbditos así como los profetas dijeron y como ha pasado en este siglo a muchos dictadores. Dios no tuvo que actuar para que Israel fuera al exilio. El pueblo siguió su propio camino de desobediencia y pecado hasta llegar a ser devastado y exiliado por sus enemigo de guerra. Sin embargo, el exilio les brindó la oportunidad de arrepentirse.

Entonces mejor seguimos a Pablo y decimos que la forma normal de la ira de Dios es que Dios nos deja experimentar las consecuencias de tras acciones. Por ejemplo, la destrucción de esa tormenta hubiera sido menor si no hubiéramos cortado tantos árboles y quemado tantos bosques. En abril y mayo el cielo de Honduras estuvo lleno de humo producto de los incendios forestales y hoy las calles están llenas de lodo; hay relación entre las dos situaciones. Si hubiera habido más vegetación y árboles en los cerros y montañas habría habido menos derrumbes y los bosques habrián absorbido más agua. En tras mentes no debemos imaginarnos a un Dios con ojos de acusación tan airado que manda un huracán para glopearnos, sino que debemos imaginarnos un Dios con ojos de amor, con una cara triste por tro sufrimiento. Una cara que comunica su esperanza que aprendamos de tros errores para que no suframos tanto de los próximos desastres naturales. Sin embargo aun si no hubiéramos cortado tantos árboles y quemado tantos bosques el huracán Mitch de todas formas habría hecho mucho daño al país. Entonces nos preguntamos ¿Por qué experimentamos algo tan horrible? Decir que Dios lo mandó como castigo es una respuesta fácil pero equivocada que lleva a las personas a tener un concepto erróneo de Dios. Una respuesta mucho mejor es: "No sé. Hay cosas que no entendemos." Es posible que los desastres como los huracanes sean una expresión del estado distorcionado de la creación como fruto del pecado original humano, y que la creación misma anhela el día cuando no habrá tormentas de destrucción (Romanos 8:18-22). No podemos estar seguros de porqué hay huracanes en el mundo hoy. Pero creyendo y confiando en el Dios revelado por Jesucristo podemos decir por fe que Dios es un Dios de orden y paz y entonces que no es el autor y causa de ese huracán. Por fe podemos soportar lo que no podemos entender. Es evidente que en Honduras hay una gran necesidad para la reflexión y el arrepentimiento. Dios puede usar esta tragedia para eseñarnos mucho. Con fe podemos esperar que Dios haga cosas muy positivas como producto de algo tan negativo como Mitch. Sin embargo decir que Dios puede producir algo bueno de algo malo no significa que Dios causó el mal. En este momento de tanto sufrimiento es exactamente cuando los cristianos necesitamos más proclamar el amor, la misericordia, y la fidelidad de Dios en vez de amenazar el pueblo hondureño con un Dios con ojos de acusación y un garrote llamado en este caso Mitch. Es el momento de solidarizarnos con los que están sufriendo tanto y proclamar "que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, (ni el huracán Mitch), ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor tro" (Romanos 8:38-39).

Tegucigalpa, 11 de noviembre, 1998

Huracán Mitch, ¿Castigo de Dios?

Marcos Baker

La Tribuna
“Huracán Mitch, ¿Castigo de Dios?” http://www.mbseminary.edu/main/articles/baker11.htm, La Tribuna (Tegucigalpa, Honduras), 28 November, 1998, 27.
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